martes, 10 de agosto de 2010

EL GRAN SUEÑO

Capítulo 1. ¡Despierta!

-¡Oye, despierta! ¡Ayúdame a abrir esta puerta, necesito salir de aquí ya! ¡No puedo respirar!
Miró asombrada a la sombra acostada en un camastro que la ignoraba.
-¿Por qué no te levantas? ¡Sal de tu cama y ayúdame! ¡He tenido un sueño increíble, ¿sabes?!-dijo palpando la ovalada puerta metálica.
-Ya lo sé-contestó para si misma su compañera sobre la litera.
- Te lo contaría pero ahora no me acuerdo.. y primero tengo…tengo que decírselo a…
Para haber tenido un sueño ‘increíble‘, la chica parecía mas bien estar presa del pánico. Intentó girar la rueda de la puerta metálica con todas sus fuerzas pero esta no cedió ni un milímetro.
-JOD-D-DEEEER! Le dio brutales patadas hasta que se hizo daño y desistió. No recordaba a quién quería contárselo. Su ansiedad crecía y se agachó. Con la cabeza entre los muslos, se frotaba histéricamente la nuca rapada y gemía.
-Dios ¿Por qué no...?¿Qué coño hago aquí? -se decía aterrorizada.
Elsa, la sombra que ignoraba, miraba tumbada al ventanuco del techo de la 29K que daba al exterior, recubierto de polvo ocre. Comprobaba de vez en cuando el estado de la chica que ya no hablaba y seguía acariciándose el cráneo rapado. Su estado ha empeorado. Demasiado rápido- murmuró. No va a durar mucho.

El calor era pesado y apenas había luz. Afuera atardecía. Un neón verde era lo único que les permitía verse la una a la otra, encerradas en un cubículo acristalado y manoseado con orificios a ras de suelo. El aire estaba viciado a pesar del ventilador del techo. Olía a hongos y descomposición.

                                                                 ***********


Había pasado aproximadamente una hora desde que la chica rapada se había derrumbado. Finalmente levantó la cabeza con ojos hinchados y escudriñó triste y rabiosa a su compañera, que la observaba desde su camastro.
- Quien soy.
Elsa dejó de mirarla y fijó de nuevo el ventanuco. La imagen de un hombre de pelo castaño alejándose sin rumbo volvió a mente, como un calambre. ¿Por qué te has ido?
En la celda contigua se adivinaba en la oscuridad un bulto inmóvil en una litera. La chica se puso en pie, alzó los brazos y pegó las manos abiertas contra el cristal de espaldas a Elsa. La cabeza rapada lo golpeaba repetidamente.
-QUIÉN-ERES.
Pero Elsa no respondió. Esa pregunta ya la había contestado demasiadas veces.


Capítulo 2. El fin del principio.

Unas manos curtidas y arrugadas se aferran a la manta. La única que ha encontrado entera entre los escombros de una casa. Boca arriba, sobre un colchón polvoriento, sus ojos testigos de incontables años fijan la noche desde un cuarto sin techo. A la escucha. Los bombardeos han cesado. Todo ha cesado. Nada se mueve excepto sus párpados que expulsan lágrimas con polvo, su pecho cansado que inhala el aire quemado de una aniquilación total. La vida también se ha marchado de este último recóndito del mundo. Por fin. Está tan cansada de buscar. Ya no hay nada que perseguir …solo liberar sus recuerdos para poder marcharse ella también …Recuerdo…
…y olvido. Ambos dolor.

A lo lejos, el tiempo hace su trabajo y continúa su marcha. Los ojos que miran al cielo dejan de parpadear. Las manos sin vida liberan la manta. En esa noche sin testigos, una fabulosa aurora boreal se forma sobre una casucha derruida. Y aunque no corre ninguna brisa en el infierno que empieza a apagarse, les desvelaré que lo que remueve el aire y colorea la noche durante un instante, es el viaje del último suspiro, transportando en el tiempo el sueño mas bello jamás soñado. El Gran Sueño.


Capítulo 3. Felicidad Clandestina.

Afuera, desde el otro lado de una escotilla de la 8G Antiaérea anexo al Nido, una silueta observaba a escondidas el interior de una sala bajo el suelo donde un hombre gesticulaba sonriente con movimientos suaves y amplios a un pequeño grupo de gente sentada que le rodeaba, inmóvil, atentos a cada palabra - muda a este lado del cristal - que salía de su boca. Cualquiera hubiera podido decir que se trataba de un profeta trayendo la buena nueva. Sin previo aviso, dos Veladores forzaron la puerta, le agarraron y le sacaron entre forcejeos de la 8G. Uno de ellos volvió a entrar blandiendo una porra eléctrica y miró al corro. Los presentes, mujeres y hombres de distintas edades, ya en pie, guardaron silencio y bajaron la cabeza. Se oyó un golpe y un gemido al otro lado de la puerta.
- ¡Vais a conseguir que acabemos todos infectados! -reprochó el Velador furioso al grupo. ¡Llévatelo a la 17K!- gruñó de seguido a su compañero. ¡El próximo que intente Relatar será ejecutado! ¡Son las leyes!
- ¡Sus leyes; no las nuestras! ¡Tenemos derecho a escuchar el Gran Sueño!- rugió Waldo.
-¡Cállate! Mírate.¿Crees que vas a salir de aquí? No necesitamos mas desmemoriados ni suicidas, necesitamos sobrevivir.
-¿Sobrevivir? Necesitamos esperanza para poder sobrevivir- declaró una joven de pelo rapado.
Una segunda mujer mas mayor, intervino.
- Es un sacrificio, no un suicidio; nos traen la felicidad que nosotros no podemos soñar. Nadie ha probado que el Gran Relato provoque el Gran sueño y…
El segundo Velador, que acababa de regresar, se impacientó y el breve discurso de la mujer quedó interrumpido por una descarga eléctrica directa al corazón. Zitta, de 35 años cayó desplomada entre convulsiones. La dudosa autoridad cerró la puerta tras de si y los otros 6 se quedaron callados un minuto, atemorizados y llenos de rencor.

El viejo Noa Fritz rompiendo su silencio, anunció que la noche siguiente estaba programado otro encuentro clandestino en la 26. Lo había sabido esa misma tarde antes del salir del Nido. Quién, preguntaron todos. Gonzo. Había soñado hacía una semana y estaba fuera de si. Estaba sufriendo en extremo a causa de su silencio. Nadie había sido capaz de aguantar tanto tiempo sin Relatar, se sorprendió un chaval de no mas de 17 años.

-Eso no lo sabes, Loïc- dijo otro. Ahora la gente tiene miedo a confesarlo. Podrían estar sufriendo mas personas de lo que pensamos.

- Dicen que está en éxtasis prácticamente todo el tiempo- añadió finalmente Fritz.
“Delirante, ido, orgásmico.” El Gran Sueño provocaba una felicidad embriagadora absoluta, e iba en aumento si no se liberaba pero también provocaba una ansiedad aterradora; la de cargar con una revelación y no poderla compartir, la de andar pletórico entre seres desesperados, vacíos de toda vida. Y es que todos sabían que Relatar estaba prohibido, pues se decía que provocaba en la gente el ‘Gran Sueño‘. Gonzo y la gente que se reunía clandestinamente no creían en un contagio, aunque si conocían las consecuencias. Pero su suerte ya no importaba, había dicho, ya había tenido el Gran Sueño, era hora de afrontar el resto. Compartiría su felicidad para no volver a sentirla jamás. Para empezar a morir.

-Por Gonzo-chocaron todos con el puño cerrado a modo de brindis. Hacia tiempo que en el Nido se había acabado cualquier tipo de alcohol.

El curioso que había estado observando la escena desde el otro lado se retiró tan discretamente como había aparecido.



Capítulo 4. El principio del fin


El cambio de turno se efectuó con rapidez esa madrugada. Nada de charlas frente al fuego. Fuera hacía un frío insoportable. Menos 23 Grados. El cielo despejado aumentaba la sensación hostil que provocaba el paisaje vacío. Blanco y llano hasta donde alcanzaba la vista. La nieve crujía bajo unas botas de piel de oso que se acercaban.

-La tempestad ha matado a Soko-anunció neutral el hombre a su relevo, que miraba asustado a la bolsa de plástico negra que arrastraba este hacia el interior.
-¿Qué vas a hacer con él?
- Ñam, ñam.
-Era de Neus.
- Era.
El hombre que se incorporaba al cambio de turno miró a su compañero alejarse hacia la escotilla oeste que llevaba al Nido. Ahí iba el que había sido como un hermano cuando nada de esto existía-la Guerra, la Antiaérea- cuando vivían en la misma plataforma lejos de aquí, cuando se juntaban con los demás para hacer planes de futuro o simplemente a soñar. Pocos años habían transcurrido desde esa época feliz, pero veía que en sus ojos vidriosos ya no estaba aquel amigo. En aquel cuerpo no habitaba nadie. Demasiada tragedia. Ese pensamiento aumentó la desolación que sentía al saber que le quedaban esta y tres noches mas de guardia esa semana. Para qué. Qué vengan de una vez y acabamos con esto. Se llevarían una sorpresa al descubrir que aquí no tenemos ni para dos estaciones. Así nos dejarían en paz. ¡Animales!

Y sin embargo los últimos dos meses habían sido tranquilos; ni el mas temerario de los enemigos era tan imprudente como para atacar con semejantes condiciones atmosféricas. Renato, el nuevo relevo, se agarró a esa noción y se sentó frente al fuego azul, armado de paciencia y un rifle a esperar el amanecer que llegaría en apenas 5 horas. El fuego azul ,un líquido que se quemaba en el interior de una semiesfera de acero sobre la nieve, era el único punto de calor en la superficie en 20 Km. a la redonda, una discreta señal de vida de un paraje desolado que a veces atraía a algún animal curioso al plato del Nido.
No había pasado una hora cuando Renato, envuelto en su abrigo de piel hasta los tobillos, cayó en un profundo sueño. El viento polar, que parecía esperar ese momento, dejó de azotar en la superficie, dejando paso a una cálida brisa. El cielo cambió en pocos segundos. Al final del horizonte aparecieron en escena inmensas olas de luz verde, como un resplandor llegado de otro mundo. La marea luminosa se mezcló con la tinta negra de la noche, dibujando remolinos de mil tonalidades, arrastrándose envolventes, bailando como el fuego, deslizándose como un río silencioso en la inmensa pantalla estelar. Una fuerza invisible separaba el cielo de la tierra, lo divino de lo mundano. Era una magia que sólo nacía para sí misma, intocable, una naturaleza que no necesitaba espectadores, trabajaba para un fin. Y quizá por azar, o bien por el destino, la naturaleza encontró en un hombre dormido junto a un fuego artificial una toma de tierra y lo señaló. La aurora boreal se concentró más intensa que nunca sobre la cabeza de aquel ser, que inmerso en la tierra de los sueños, de lo universal, permitió que algo sobrenatural ocurriera. El cielo miró al hombre y el hombre, en su sueño, miró directamente a los ojos del cielo. Mientras el viento tibio le relataba al oído las palabras mas dulces jamás oídas, sus ojos contemplaron las imágenes mas hermosas jamás imaginadas.


                                                        **********


Renato fue gritado, abofeteado, sacudido durante unos minutos, pero nada de esto le despertaba. Había caído de la silla como un saco de cemento y tenía una extraña falta de expresión en el rostro, rígido y mortalmente pálido. El fuego azul se había derramado quemándole una manga y el bajo del abrigo. El sol estaba a punto de aparecer tras el horizonte. Su relevo le agitaba nervioso. Un tercer hombre se asomó al exterior atraído por los gritos.

-¡No sé qué le pasa! ¡No se despierta!-le dijo asustado al curioso.
- Tómale el pulso en el cuello.
Le quitó la capucha, le desenrolló la bufanda y le colocó dos dedos al lado izquierdo del cuello para palparle la yugular. Su pulso latía saludablemente. El tercer hombre salió y ayudó al relevo a mover a Renato. Le apoyaron contra la silla. Se quedaron unos minutos observándole e intercambiando miradas de incertidumbre. La esfera roja que anunciaba el amanecer tornó el cielo rosa instantáneamente y ambos se giraron a contemplar el espectáculo. Era la única cosa hermosa que quedaba en sus vidas. La cálida luz ahora bermellón se extendió a izquierda y derecha de la línea del horizonte evolucionando sus colores, enfriándose por segundos y el sol, abriéndose al cielo que ya naranja y ahora amarillo dio paso a otro improbable día.
- He tenido un sueño INCREIBLE.
Los hombres se giraron bruscamente hacia Renato, que con una sonrisa de oreja a oreja, los ojos brillantes y la sangre de vuelta en su cara, les miraba extasiado. Parecía no caber en si de felicidad.
- Joder Ren, vaya susto que me has pegado. Pensé que te había dado un derrame o algo. ¿Qué te ha pasado?
- Increíble-negaba incrédulo Renato. Creo que ha ocurrido algo esta noche….Es… ¡Hay esperanza! Voy a reunir a todo el mundo esta tarde, quiero que lo oigáis! ¡Vamos, vamos!
- A este el frío le ha resecado del todo el cerebro, murmuró el hombre al nuevo Relevo agarrándole del codo.
Por toda respuesta, este alzó los hombros y miró disgustado a lo lejos. Todos los amaneceres se acababan estropeando.


Capítulo 5. El Gran Sueño

Todos le miraban, y ninguno de la misma manera. La asimétrica disposición del grupo, repartido en oscuras esquinas y un semicírculo débil demostraba poca convicción. Renato había subido al morro de una vieja avioneta de 2º Guerra Intercontinental oxidada para ser mejor escuchado. En la sala de embarque de la Antiaérea 3, el contador marcaba las 6:00 horas y se disponían sin saberlo a escuchar lo que mas tarde denominarían el Gran Sueño.
De la Antiaérea 1, tras el último bombardeo terrorífico 9 meses atrás, solo habían sobrevivido un hombre y una mujer, en ese semicírculo presentes, y de la 2 solo se pudo rescatar a un par de perros rastreadores con vida. Aquí en la Antiaérea 3, la suerte geográfica les mantenía escondidos y a salvo de un enemigo sin escrúpulos, que aunque a ciegas acechaba sin descanso desde hacía 3 años al último refugio de una población fatalmente diezmada. De un equipo de mas de 500 científicos, ingenieros e investigadores y otras profesiones en peligro de todo el mundo, resistían 36 hombres y mujeres de varias nacionalidades, 2 niños y 1 niña, todos menores de 12 años. Las malas condiciones de supervivencia que llevaba el grupo bajo tierra, la escasez de alimentos y de agua potable les mantenía en un estado de baja moral y salud. La depresión y el insomnio eran habituales en el grupo y ‘el Nido’, como llamaban a la zona de descanso, era una colmena de personas flacas y tristes, ojerosas y lentas, sin ninguna alegría. Había que consumir la menor energía posible por lo que se habían acostumbrado a llevar un ritmo doblemente lento. Se había acabado la iniciativa, se había apagado la conversación y perdido el espíritu de resistencia. Los hombres y mujeres de la Antiaérea 3 no creían en la esperanza de una vida mejor. Ante la imposibilidad de vivir en la superficie a causa del peligro, el clima extremo y la hostilidad del terreno, probablemente morirían una vez terminadas las reservas de alimento, o aniquilados por el enemigo, o matándose entre ellos por una lata de conserva. Fargas, el hombre que se había autoproclamado jefe de esta pequeña ‘resistencia‘, un antiguo militar de rango intermedio no lo era por consenso, sino por fuerza, y su carácter estricto y sin compasión les hacía todavía mas miserables. Se había rodeado de un puñado serviles secuaces que interesadamente apoyaban su liderazgo y hacían las funciones de fuerza del orden el la Antiaérea. Una mujer y cuatro hombres que esperaban ambiciosos su momento para resurgir mientras daban rienda suelta a sus frustraciones a través de una función opresora. Habían sido eufemísticamente llamados Veladores.

Curioso y quizá demasiado aburrido también, quiso saber Fargas qué era aquel sueño profético que el joven Renato había proclamado a los cuatro vientos. Era meticuloso, no toleraba el desorden y la rebeldía, y como tal, decidió que aquel encuentro le daría una idea del estado de sus subordinados; su reacción frente al acontecimiento le diría si había de crear otra medida disciplinaria contra aquellos que agitaban la conciencia de los demás. Una corrección a tiempo les recordaría quien seguía al mando. Eso es a lo que se aferraba. La sensación de control era lo único que le mantenía cuerdo. No se fiaba de nadie, despreciaba al civil. Su otrora carácter espartano le movía a un deber en el que realmente ya no creía. El peso de la responsabilidad y una ilusión errónea de la superioridad de su carácter, hacían de él un hombre patético y un líder caricaturesco.

A las 6:03, 38 hombres, mujeres y niños de piel gris, tras unos ojos oscuros y cansados, empezaban segundo a segundo a respirar mas profundo, a ventilar sus cuerpos sin oxígeno, a recuperar el color en sus caras. Los rincones de la sala se vaciaban para ocupar el espacio central bajo la calidez de un Relato que empezaba a cobrar vida. Todos se levantaron, hubo manos que tomaron otras y docenas de retinas se dilataron en la oscuridad. La atención de la sala era total. Renato estaba mas allá de sí mismo. El sólo era el cuerpo transmisor de unas palabras que le escogían a él, no era dueño de su voz, grave y suave a la vez, cálida onda expansiva vibrante, con olor y sabor; un sonido emocionante; casi doloroso. El relato era como sobrevolar sin tiempo entre luz blanca y cegadora, como un orgasmo eterno; la unión total con la materia, con el otro, la consciencia del ser y del todo; el amor y la belleza, la vida y la muerte.

Todos habían cerrado los ojos y levantado la cabeza para recibir en sus rostros la caricia del Gran Sueño que por primera vez estaba siendo Relatado.


Capítulo 7. La Prohibición.

Elsa abrió los ojos. No podía mover ni un brazo, agotada. Las reconciliaciones siempre eran mas intensas. Sentía un ligero aunque placentero vértigo. Sabía que había soñado algo hermoso, imposible de visualizar ni de recordar pero ese inexplicable placer perduraba todavía, fluía por sus venas como un opiáceo. Sus ojos hinchados apenas se podían abrir. Boca abajo en la cama de la cápsula, miró a su izquierda. Su lado estaba vacío. Últimamente se levantaba antes que ella. Con lo que le gustaba remolonear. Debía ser duro abstenerse de Relatar. Ni se lo imaginaba. Supuso que Gunnar había ido a correr por el Nido para despejarse. Volvió a cerrarlos, dispuesta a dormirse de nuevo. De repente, imágenes como flashes vinieron a su mente, de la discusión de la noche anterior, de otros tiempos y lugares con él, de una voz susurrándole cosas al oído. Una voz lejana, unas palabras de amor y despedida. ¿Cómo distinguir? ¿Sueño o realidad? Dejó de respirar. Una repentina certeza le paró el corazón un instante. Sacudió la cabeza aterrada, se levantó de un salto, se puso la misma ropa que unas horas antes le habían quitado y salió de su cápsula. Los pasillos curvados del Nido eran interminables, gélidos y Elsa los recorrió rápido para entrar en calor, esperando cruzarse con alguien que la ayudase a encontrarlo. A alguien que la recordase, pensaba angustiada. Horas de búsqueda por cada desértico pasillo de la Antiaérea, salas, ascensores y despensas y nada. Pero de vuelta a su cápsula le encontró sentado a un lado de la cama mirando con gravedad un roído póster de la pared de una ciudad del siglo XX.

- ¡Ahí estás!-suspiró Elsa desde la puerta. Tengo que peguntarte algo sobre…
Le notó extraño. Se acercó a él con la intención de acariciarle.
- ¿Por qué tenemos este póster? Nunca hemos estado allí… Su inocente comentario era en sus ojos temerosa duda. Elsa lo supo; bajó el brazo, helada. ¡Estaba olvidando! Se sentó lentamente a su lado. Se habían prometido mutuamente que no Relatarían pasase lo que pasase, la memoria de su vida feliz juntos era, había dicho él, lo único que les mantendría vivos.
¡Allí es donde se habían conocido 14 años atrás! ¡Donde había comenzado su historia! ¡No podía olvidar ESO! Elsa le miró con infinita tristeza y después al póster.
- Ya iremos- dijo ella al fin con un hilo de voz.
- Ya no importa. Después hubo un silencio y ella le vio marcharse de la cápsula meditabundo.
Todo acababa de cambiar. Se sintió traicionada, ya abandonada a su suerte. No podía ser, no se habían separado ni un momento desde que él le confesó que había tenido el Gran Sueño, 6 días atrás. Pero ella sabía de la urgencia que desencadenaba el Gran sueño, y aunque le había disuadido de ir a las reuniones clandestinas que se celebraban para Relatar o escuchar…a menos que…No,él no le mentiría. Pero una angustiosa duda la acompañaría desde ese momento.


                                                            *********

Tres meses habían sido suficientes para que la mitad de los 39 habitantes del Nido hubiesen tenido el Gran Sueño, y para que Fargas, viendo morir a su gente, declarase Prohibido Relatar. Pues esto fue lo que pasó: después del sueño de Renato, los espíritus habían renacido en la Antiaérea, unos y otros intercambiaron durante días sus impresiones y sus recuerdos de aquel momento indescriptible que deseaban volver a sentir, que esperaban se iban hacer realidad. Todos menos el propio Renato, que desde entonces, deambulaba solo y perdido por el Nido, melancólico, como si se hubiese vaciado de toda esperanza que había contagiado al resto. Nadie se explicaba porqué y Renato no supo expresarlo claramente. Al cabo de una semana, Renato, el gran conversador, dejó de hablar, solo miraba a la gente con ojos de horror. No reconocía a nadie de su entorno, y vanos fueron los esfuerzos para que recordase cada día donde estaba y porqué estaba cautivo bajo tierra. Una y otra vez se le acercaban sus amigos mas próximos a rememorar anécdotas juntos, desesperados por hacer volver a aquel ser irremediablemente triste al que creían un salvador, y cuantos mas días pasaban, mas se borraban en su cabeza datos sobre su identidad y su pasado.

La gente recibió la noticia de la muerte de Renato con incredulidad y rabia. Un Relevo le había encontrado congelado y medio comido por algún animal carroñero. Había salido una noche fuera de la Antiaérea a la intemperie a más de 15 grados bajo cero y no volvió a entrar. Quería irse a su casa, había dicho a un desconocido en un ascensor que llevaba al Nivel 0. Su compañero acostumbrado a su comportamiento errático, no había dado mayor importancia a las últimas palabras de Renato.

El Nido, desde la desaparición de Renato ‘el Primer Soñador‘, no era el mismo. Sin embargo, 2 semanas después, el Gran Sueño volvió a manifestarse milagrosamente en varias personas del grupo. Eso eran buenas noticias desde aquel triste suceso, y el grupo, incluido un distante Fargas se sentaban a escuchar el relato de cada nuevo soñador. Le experiencia extática se produjo otra vez y las siguientes. Afortunado era aquel que había experimentado el Gran Sueño, por vivirlo y mas tarde por poder transmitirlo. El trance que experimentaban espectador y soñador cuando Relataba era un misterio de la naturaleza, y solo un par de supersticiosos asustados lo achacaron a una posesión demoníaca, mientras una buena parte del grupo lo interpretó como una señal divina. La otra mitad restante, lejos ya de cualquier creencia, simplemente lo aceptó como el misterio que era, beneficiándose de sus efectos.

Pero el caso de Renato pronto se repitió en el Velador personal de Fargas; Nicholas, y mas tarde en la 3º soñadora. Para el primero, aunque creyente, fue suficiente prueba de que no se trataba de un arte divino, sino de un virus contagioso y extremadamente peligroso que había matado a la única persona por la que sentía algo, Francka, la 3º soñadora. Tras , el ’contagio’ de 5 personas mas en 4 días, y el suicidio de 3 de ellos en las semanas posteriores, Relatar quedó prohibido por ley so pena de muerte.


Capítulo 8. Felicidad clandestina

En la cápsula de Noa Fritz, un reducido grupo de la gente del Nido discutía las nuevas leyes de Fargas, anunciadas esa misma tarde. El grupo, o lo que quedaba de él, había sido convocado en la sala principal de la Antiaérea para recibir nuevas instrucciones de su líder. Había leído un nuevo manifiesto en contra del Gran Sueño, lo había calificado de sofisticada arma enemiga, declarado contagioso y mortal, y decidido que sería erradicado de raíz sin demora. Así pues, punto 1, no se volvería a Relatar, punto 2, este hecho sería severamente castigado; punto 3, los contagios debían ser informados para una cuarentena indefinida en la Sección K, y por último punto 4, se denunciarían los casos de contagio considerándose el silencio cómplice como traición; su castigo, la muerte. Confiaba en que todo este asunto se normalizaría pronto, sentenció Fargas. Su frialdad había dejando a la gente inquieta. No lo había consultado con el resto. Nadie se esperaba semejantes medidas. Pero si ni siquiera sabían que estaba sucediendo ni cuanto tenía que ver con el Gran Sueño. Todo esto era muy precipitado. Había llegado al Nido ese temido día en que las leyes incluían pena de muerte en su vocabulario.

Las opiniones estaban divididas y los ánimos mas bajos que nunca. Solo unos cuantos intervinieron, lanzando al aire comentarios sin conexión.

-Castigar con la muerte a alguien que ya está muerto de antemano me parece un chiste- dijo Zitta con desprecio.
-Me parece un favor- ironizó Gerard.
- Mi hermana no está muerta, ten cuidado con lo que dices. El joven Loïc miraba a ambos dolido por el comentario. Pero su hermana ya no le reconocía, era cierto. No había salido de su cápsula en varios días y cuando no hablaba de la muerte, dormía todo el tiempo. Era lo mismo, en realidad..
- ¿Donde está la dignidad? ¿Somos perros a los que hay que castigar? Gritaba Waldo. Sus intervenciones era siempre apasionadas.
Pronto se formaron pequeños corros de 2 y 3 personas.
-¿Significa que Tiago y Margot van a ser trasladaos a la sección K? -preguntó temerosa a su amigo una chica morena.
- Tiago no lo ha Relatado.
-Margot si.
-Eso da igual. Se les considera contagiosos-dijo otro. Fargas sabe que el Soñador, Relate o no, no tiene remedio. La cuarentena es una excusa cobarde para librarse de ellos.
-Yo he escuchado el Gran Sueño mas de 6 veces y no me ocurre nada-apuntó otro.
-¿Pero conoces alguien que no lo haya Relatado? Nadie. Todos lo hacen al final.
Dos mas discutían por otro lado:
-Esa no es la cuestión. No se trata de algo que se contagie.
- ¿Cómo lo sabes? - cuestionó Gerard.
- No, la cuestión es otra,-cortó Zitta captando la atención de todos. Se trata de decidir si nos comprometemos a seguir Relatando o vamos a chivarnos al jefe. Lo presentes se miraron unos a otros, tratando de leer en cada rostro las intenciones de los demás.
-Se trata de decidir si vamos a apoyar a los Soñadores-continuó. Su condición es triste pero inevitable. Pero todos sabemos, incluidos ellos mismos lo que nos aporta el Gran Sueño. Hubo un silencio. Todos atesoraban secretamente esos momentos, los únicos por los que valía la pena vivir en aquel agujero bajo tierra. ¿Renunciar a los Relatos? Eso serían su fin.
- No doy credibilidad al liderazgo de Fargas- intervino el respetable Noa Fritz- y por eso me niego a obedecer. Creo que somos conscientes del final ineludible que implica el Gran Sueño, tanto tenerlo como oírlo. Y es algo grande, místico. Nuestra nueva esperanza. La ley aquí no tiene cabida. ¿Estáis de acuerdo?
Casi todos asintieron con la cabeza.
-¿Cuántos de vosotros estáis de acuerdo con la aplicación de la ley de Fargas? ¿Cuántos de vosotros creéis que el Gran Sueño se contagia? ¿Que ha de ser silenciado?
Nadie levantó la mano, pero hubo alguno que miró al suelo.
-Bien, retomó Fritz. En solidaridad con los Soñadores de ahora y del futuro propongo a los que estamos aquí presentes un pacto. A partir de ahora aquel que experimente el Gran Sueño, podrá si así lo desea Relatar sin miedo entre nosotros. Será un acción de beneficio mutuo.
-Levantad la mano y jurad que estas palabras no saldrán de aquí. ¡A partir de hoy queda decidido seguir nuestra propia conciencia, apoyar el Gran Sueño y no contribuir al olvido!
Todos levantaron la mano derecha y se miraron, con un nuevo aire de ilusión grave.
Se fijarian días y lugares para los relatos clandestinos.
La reunión se disolvió en silencio y cada uno volvió a sus cápsulas.

Capítulo 9. Al Oído.

“...y no contribuir al olvido…”
Las últimas palabras de Noa Fritz se repetían una y otra vez en la cabeza de Gunnar.
No contribuiremos al olvido. Y sin embargo el Gran Sueño es el olvido. De vuelta a su dormitorio, andaba un metro por delante de Elsa, que lo alcanzó y le interrogó con la mirada. Entraron a su cápsula. Por fin habló.
- Es que no me lo quito de la cabeza- dijo estrangulando las palabras en su garganta. Andaba de un lado a otro sin mirarla. Vivía frenético y apenas dormía desde que había tenido el Gran Sueño.
- Sé lo que estás pensando, Gunnar. No lo hagas, te lo advierto. ¡Hicimos una promesa!
-¡Ya lo sé! Solo es que… ¡Tiene que haber alguna forma de evitarlo!
- ¿¡Evitar el qué!?
- El olvido. ¡Tiene que haber una forma de Relatar sin olvidar! Si me pudiese liberar sin hablar…
Miraba de reojo a Elsa que escuchaba con temor las indirectas que le lanzaba. Sus sentimientos le traicionaban. A cada segundo un poco mas.
-Tengo aquí dentro como un…creo que me está matando, Elsa. Gunnar intentaba sonreír pero solo le salía una mueca de dolor.
-Tengo miedo. No sé cuanto más voy a poder aguantar en silencio.
Elsa estaba furiosa, no aceptaría una derrota suya tan rápido. Ese no era él.
- ¡Tienes que aguantar! ¡Si me quieres aguantarás!
Se hizo el silencio en la cápsula. Las hélices de ventilación daban lentas vueltas sobre sus cabezas. Gunnar habló de nuevo.
-¿Porqué nunca has querido asistir a los Relatos?
- Porque sólo son sueños. No es bueno vivir de falsa esperanza. Por lo que a mi respecta el Gran Sueño es un sedante engañoso que nos está matando a todos. Algún día nos iremos de aquí pero no soñando, sino luchando. Y recordando por qué y por quién luchamos. Porque sin memoria no nada importa. Sin ti nada me importa.
Las palabras de Elsa le estremecieron. Quería corresponder.
-En mi Gran Sueño, sólo tú…

Elsa le atravesó con la mirada, fue directa hacia él y le soltó una bofetada. Le reprochó su cobardía y que si así era como la amaba, era evidente que no valía la pena recordarlo, y que ya podía irse a otro lado a Relatar. Al salir dio tal portazo que hizo saltar la alarma del pasillo Sur de la -1 donde se encontraba su cápsula. Algunos se asomaron al pasillo y vieron correr a Elsa.
Gunnar, nervioso, se fue a pasear por la Antiaérea a sobrellevar en soledad el peso de su condición. Que no aguantaría por más tiempo era una certeza, tan cierta como la decepción que provocaría en Elsa. Su Gran Sueño, quería haberle dicho en la cápsula momentos antes, era en esencia la definición de su amor por ella. Y no podría decírselo nunca, a riesgo de destruirlo todo.

Estuvo andando por la Antiaérea mas de 4 horas, y de madrugada había tomado una decisión. Volvió al Nido. Abrió suavemente la puerta de su cápsula donde Elsa dormía, se metió entre las sábanas y la abrazó. Ella se despertó y se giró hacia él. Había estado llorando. Le dijo que lo sentía, que se había asustado porque no quería perderle, que dónde se había ido tanto tiempo. Gunnar le aseguró que no había ido a ningún relato clandestino, y que ni pensaba hacerlo. Solo había ido a decidir la mejor manera de hacerle entender que la quería y que siempre estaría con ella. Elsa le llamó pelota y se rió. Sin pronunciar nada mas, le dijo que le haría el amor como aquella vez en…
-¿Te acuerdas?
-Nooo-rió ella.
No había amanecido todavía. Elsa respiraba profundamente de espaldas a él. Gunnar no dormía. Miraba al ventanuco situado encima de la cama .Se acercó suavemente a Elsa. Aspiró el aroma de su nuca y cerró los ojos. Asomó la cabeza por encima de la suya siempre con los párpados bajados y rozando con sus labios el oído de ella, comenzó a susurrar sin voz palabras prohibidas; Relató solo para ella sin pausa hasta el primer rayo de luz; hasta quedar vacío. Aunque sabía que Elsa no lo entendería y jamás se lo perdonaría, acababa de darle el mejor regalo que podía imaginar. Después se iría lejos, no le permitiría presenciar su declive. Pasado mañana, con la luna llena. Tomada la decisión, se levantó, se vistió y salió de la cápsula. Sentía un culpable alivio en el pecho y la entereza de un hombre que acababa de asumir su destino.



Capítulo 10. Retorno.

La vigilancia exterior se había acabado. Las reservas interiores también. El Nido ahora no era mas que un sepulcro subterráneo en forma de espiral. De 39 personas, quedaban 6 adultos: Fargas, Ronan el Velador, Isabela, Yann, Gregori- todos ’infectados’- y Elsa. El último niño se había rendido dos días antes. El enemigo no tardaría en descubrir la localización de la Antiaérea 3 a causa de la cantidad de desmemoriados que erraban por la superficie desorientados. Seguramente mas de uno había sido capturado, interrogado sin resultado y finalmente abatido.

La 29K fue la última celda de aislamiento en ser ocupada. Elsa fue llevada sin resistencia por el último Velador disponible, que no entendía porqué llevaba a una mujer tan simpática a cuarentena. Desde la desaparición de Gunnar hacía 38 noches, asumía sin energía el fatal desenlace de los acontecimientos. Había visto impotente como todas las mentes de los miembros del grupo iban difuminándose a su alrededor, hasta perder la cordura y desprovistos de vida. Mentes borradas, sin identidad vagando por los pasillos, preguntando a cada momento, huyendo de su propia sombra como quien es seguido por un extraño en un callejón oscuro. Deseaba el mismo final para ella, pero no olvidaba ni un solo segundo de su vida pasada con Gunnar, de su infancia, de la guerra y de la Antiaérea. Sólo quedaban fantasmas, ella y sus recuerdos. El Nido era ahora un refugio subterráneo sin alma, abandonado y oscuro. Elsa, tras 3 días sola en la 29K dejó de oír a sus compañeros confinados en las celdas de cristal contiguas a la suya sumidas en la oscuridad. Yann y Zitta ya estaban en un avanzado estado de ‘desmemorización’ y depresión cuando fueron encerrados, 4 días antes que ella. No había nada que se pudiese hacer por ellos. En el cuarto día, dos horas después del amanecer, trajeron a una confusa Isabela, la chica que llevaba siempre el pelo rapado. Fue la última sentencia de muerte de Fargas, el último en ser visitado por el Gran sueño una semana antes. Hacía grandes esfuerzos por recordar qué amenaza debía destruir. Luchaba contra un enemigo que no recordaba y el miedo le volvía mas irracional. Había decidido encerrar a todos para su propia seguridad. Para él, todos estaban contagiados de algo que no recordaba y debía volver a la superficie, reunir a su ejército y partir a una guerra en concreto que había acabado hacia años. Efectivamente, tras cazar a Isabela, el último ’infectado’ (ya que él negaba estarlo) salió resuelto el primer día de Agosto a la superficie, pero solo encontró las balas de un francotirador enemigo, a 30 Km. de la Antiaérea. Cuando este no volvió, el último Velador, olvidó sus funciones y se perdió para siempre en algún recóndito sitio del Nido. Elsa no volvió a verle, pudiendo dar fin libremente a su encierro. Pero no lo hizo.


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Por qué te has ido. Un intercambio de palabras cotidianas y Gunnar alejándose sin rumbo por el pasillo. Qué estúpida. Debía haber adivinado que se iba del Nido aquella noche. No aceptaba que pudiese acabar como los demás. Quizá había encontrado un modo de sobrevivir al Gran Sueño. Igual no aguantó mas y se fue para no Relatármelo. No te engañes. A alguien tuvo que contárselo. ¡Olvidó Oslo! Quizá no entendí qué me quería con que ‘no hemos estado‘. Igual quería comprobar algo. Quizá esté allí esperándome. Elsa se torturaba impenitentemente con estos ridículos pensamientos hora tras hora sin ninguna otra intención que la de sufrir.

Me iré a Oslo pensó de repente. Dejó de divagar. Fue entonces esa idea lo único que deseó en un mes y medio de agonía. Se quedaría hasta que Isabela se fuese como el resto y saldría de allí. Le encontraría y le haría recordar. Aunque tardase toda una vida.


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La última persona de la Antiaérea 3 con vida y memoria intacta salió una sofocante noche de Agosto, tras incendiar el Nido y sus anexos con todo lo que quedaba dentro. Había almacenado en una mochila toda la comida que había encontrado y había despojado a los fantasmas de sus mejores objetos y ropas buscando en sus cápsulas abandonadas. Llevó a la incineradora a los cuerpos sin vida de Zitta y Yann de las celdas contiguas y se quedó en la cápsula de Isabela hasta el final. Había sido un suplicio verla degenerar, oírla delirar durante 3 días de insomnio compartido en la única celda donde aun quedaba luz y oxígeno sano, porque algún ser desquiciado había destrozado el cuadro de luces del Anexo K; el ala de cuarentena de la Antiaérea. Una mañana simplemente se apagó silenciosamente. Elsa, recurrió de nuevo a la incineración y libre, linterna en mano salió de la 29K, recorrió el Nido, la Antiaérea y sus anexos, comprobó cada espacio, se aprovisionó y por último arrancó el póster de su cápsula que guardó cuidadosamente enrollado en un tubo de plástico. Hecho esto trepó muy cargada un interminable túnel vertical con escaleras de metal que la condujeron a la salida sur de la Antiaérea. Abrió la trampilla que daba al exterior por primera vez en varios años y contempló las estrellas bailar como en un espejismo en la noche negra. Se asomó a la oscuridad de la tumba que acababa de abandonar y derramó un bote de fuego azul en sus entrañas. La llama siguió el rastro de liquido y el fuego hizo el resto.
Después solo pensó en alcanzar Oslo.
Y Empezó a caminar.


               Epílogo.

Caminaría sin encontrar un alma, sin apenas encontrar alimento, asustada y cansada. Con el tiempo encontró ciudades en ruinas, personas en ruinas. Se cruzó con la muerte. Corrió, se escondió y tiritó de miedo. Aunque seguía un rastro ciego, sabía que había que subir; Oslo se encontraba en el hemisferio norte; exactamente al otro lado del globo. Años atrás, un transbordador enviado a tiempo por el entonces Gobierno de Los Estados de Europa había cruzado el océano para depositarles a ella y a su equipo científico a salvo en unas instalaciones gigantescas en polo opuesto junto a otros refugiados donde podrían seguir trabajando para la causa; donde la guerra no podría llegar. Al menos eso fue lo que les dijeron .
Su viaje de retorno a la esperanza se vería desviado, retrasado y prohibido por innumerables circunstancias que se cruzaron con ella. El globo ardía por el ecuador en toda su circunferencia, separando hemisferios y vidas. Europa y Asia entera de este a oeste era un campo de batalla de tantos bandos como países. Las vías de comunicación y transportes habían sido arrasadas. Las costas eran incluso mas peligrosas. La gente se unía en improvisadas familias, protegiéndose entre ellos de sus enloquecidos semejantes. La causa de las 3º y 4º Guerras Intercontinentales había caído en el olvido con sus instigadores y los motivos para el pillaje y la masacre eran ahora los últimos recursos naturales para seguir masacrando.

Las contiendas interminables volverían a comerle terreno y los meses se hicieron años. Ningún camino era viable o corto. Su voluntad le había enseñado a saber esperar por cada vez que su objetivo se veía aplazado; siempre algo o alguien se interponían en su camino. Compañeros necesitados, una promesa, un único salvoconducto marcha atrás, una invitación, incluso la curiosidad. Parecía que el destino había decidido obligarla a seguir un complejo y desesperante cordón enredado de vuelta a casa, obligándola cruelmente a sentir de nuevo, a esperar y luchar, forzándola a vivir a pesar de todo. Su periplo le llevó con nuevas compañías por mar y por tierra, rodeando países enteros donde surgían, estallaban o se avivaban mas enfrentamientos. Recorrió a pie Australia, la India, cruzó Asia, vivió en Grecia y Africa occidental. Luchó en islas caribeñas, y escaló montañas americanas. Fue mensajera, resistente, enfermera, líder, objetivo, amante, hermana, sepulturera, navegante…

En su viaje encontró una nueva razón para caminar. Pudo ver mundo en zonas donde el hombre no batallaba, contemplar lugares vírgenes, descubrir gente sin corromper. Empezaba recordar el significado de la existencia. Los años en la Antiaérea le habían hecho olvidar algo, al fin y al cabo.

En sus largos viajes y momentos de soledad, tuvo tiempo para rememorar los días en la Antiaérea 3 que la habían llevado a donde se encontraba ahora. La llegada al laboratorio, la vida con el equipo, la irrupción de la guerra a los pocos meses, la vida subterránea, el hambre, el sueño de Renato, la desaparición de Gunnar, la muerte por goteo de todos los miembros, la de Isabela junto a ella.. El recuerdo de aquel tiempo se le hacía cada día mas irreal. ¿Qué había ocurrido con la memoria de la gente? Y porqué. ¿Pero había realmente sucedido? Recordaba cuando quiso sufrir la misma suerte que el resto. Estar sola en medio de gente lobotomizada era el peor de los infiernos; luchando por reafirmar su identidad frente a cerebros que se reseteaban cada día. Elsa sería Elsa mientras alguien la reconociese, después no existiría. Quizá su lucha no era otra que volver a existir entre otra gente. De eso se trataba cuando Fritz había dicho ‘no contribuir al olvido’. Y contaría a otras gentes quienes eran los Resistentes de la Antiaérea, sus 39 personas antes de Soñar, antes de la guerra incluso. Cuando hubo agotado todas las preguntas y respuestas posibles que durante años la asaltaban por la noche, cuando aplacó la frustración, la rabia que había sentido al perderlo todo, Elsa calló las preguntas, y ellas dejaron de acosarla, andando en silencio a su lado, como un viejo amigo imaginario. Camino a casa.

Y cuando por fin llegó a la ciudad soñada que tardó décadas en alcanzar, su sueño ya no era tal. Porque supo que Oslo solo había sido una excusa para no rendirse. El faro a lo lejos. El punto final. Había conseguido traer a Gunnar de vuelta con ella a su ciudad en forma de recuerdo. El viaje que dejaba atrás había enterrado su pena, para hacerla descubrir que la felicidad estaba en vivir. Y no poder olvidar.

Fueron en verdad todas estas vivencias las que muchos años después, tras un bombardeo nocturno en Oslo formarían, en el descanso final de una anciana, la esencia del sueño mas bello jamás soñado.
El Gran Sueño.


                                                          FIN.



























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