lunes, 24 de mayo de 2010

Desayuno peliculero

Él “ -Jamás vi un tipo como aquel...un tipo con agallas....si...


Ella - De qué me hablas.

Él - El muy canalla le daba al bebercio y a las mujeres.

Ella - Oye, de qué me hablas.

Él -Viste su sedan rojo? Ya no se encuentran coches así. Reconozco que el tío tiene clase.

Ella -Pásame los crispis.

Él - Y esa mujer..., cualquier hombre perdería los papeles por ella. Un par de azotes es lo que se necesita ese bomboncito...

Ella -Paco, corta el rollo. Llego tarde, encárgate tu del desayuno de los niños.

Él - Si, amor. Y no te olvides tus galletitas!”


                                                               Fin.

jueves, 20 de mayo de 2010

La Niña y el Barquero

 Siendo Coletitas una niña rebelde,
 al llegar al embarcadero se plantó delante del barquero
y le dijo que quería una barca para cruzar el río hasta el Casino mas cercano.
 El barquero, aficionado a las niñitas,
le dijo que las niñas bonitas no pagaban dinero.
Coletitas le dijo que ni era bonita,
 ni pensaba pagar una cochina perra,
así que a ver como se las apañaba,
“bigotes, que tu mujer es una santa y tú un guarro”.

                                             FIN

El tren de las siete y cuarto

a judith

“ Oyes el traqueteo del tren y nada más. Y luego unas voces envasadas, como cuando metes la cabeza debajo del agua y te hablan desde fuera. El túnel es muy largo; estas en la oscuridad una buena parte del camino.
Esa parte me ha gustado, la de la oscuridad. Por eso escogí ese camino en particular. Pero nunca había ido tan lejos. Me bajaba pronto del tren; algún amigo me reclamaba por alguna razón y siempre regresaba. Soy así, siempre acudo a mis amigos. Pero al final me gusta irme sola. A este tipo de viajes se va solo. Así que un punto al final de túnel nace de repente, y en un abrir y cerrar de ojos una luz blanca te atraviesa la retina. Y ese silencio te duele tanto que tus oídos pitan, y por un momento crees desmayarte. Quizá es por el cambio de altitud. En cualquier caso, notas enseguida un cambio en el aire que respiras. El señor que viajaba a mi derecha tosía y tosía, parecía que estaba expulsando todo el humo que llevaba inhalando durante más de 50 años. Aunque no me especificó que tipo de humo.

Es curioso la gente que viaja con uno. Te confían datos y después silencio, y entonces no sabes que acaba de ocurrir. Crees tener un momento fuera del tiempo con un extraño, un igual que te lo dice todo en esas únicas palabras. O quizá es un momento mediocre.

Odio los momentos mediocres, en los transportes, en las colas para subir a esos transportes….Pero este no fue uno de ellos.

El tren había arrancado prácticamente vacío pero el largo trayecto fue sumando pasajeros en cada parada. En ese tiempo amaneció varias veces, no recuerdo cuantas, y pasamos sucesivamente del frío al calor, de montañas nevadas a campos floridos. Tras kilómetros de cielo amarillo de tormenta llegaba un atardecer rojo y despejado y cuando llegaba la oscuridad, los pasillos se iluminaban con luz verde y el único paisaje que podías ver estaba dentro del vagón. Mirabas a la gente, que meditaba, que no dormía. Nunca abandonaban su asiento. Apenas si giraban la cabeza de vez en cuando, para descubrir que el paisaje del otro lado era distinta al suyo. Pude oír el murmullo de sus pensamientos, todos al unísono, haciéndose grandes preguntas. En mi cabeza pasaban las horas y ahí fuera parecían pasar las estaciones. Desconcertante y hermoso.

  Llegamos en una hermosa mañana azul. Dejé mi pesada maleta sin ruedas de viajante poco práctica en la consigna. Allí se quedó, apilada en alguno de esos estantes del fondo junto con miles de maletas más. No me dieron ticket, o quizá olvidé cogerlo del mostrador…. De todas formas no serviría de nada ir a reclamar ahora. Ya no recuerdo que maleta llevaba; ni qué llevaba en la maleta. Como no sabía que tiempo me esperaba…creo que puse de todo un poco. Pero al final llevo siempre lo puesto. Es curioso como te despreocupas tan rápido de ese tipo de detalles, y como lo olvidas todo nada más arrancar el tren. Mi conclusión es, no lleves equipaje, es un lastre inútil.

 La estación era como todas, supongo. El espacio, diáfano y luminoso, jugaba al frontón con las voces y los pasos de los viajeros, cuyos ecos me llamaban a derecha e izquierda. Dos altavoces blancos en forma de trompeta a cada lado de los pilares metálicos, liberaban una voz femenina, suave, narcótica, que parecía susurrar sus secretos en un ritmo seco y lento, que expandían el momento, hipnotizando mis sentidos. Llevándome a la deriva.

Arriba, unas palomas chocaban contra el techo acristalado, buscando nerviosas la salida. Por fin una de ellas se alejó hasta el fondo de la estación, escapando a través de un cristal roto. Las demás la siguieron. Bajé la mirada y entre una masa de colores pardos, vi moverse un abrigo verde. Solo fue un momento y desapareció entre la gente. De camino a la salida reapareció el abrigo verde, vestía a una chica morena. Alta. La boca pequeña, la nariz fina, graciosa. Andaba enérgica, contemplando las altas estructuras metálicas de la antigua estación como un aventurero curioso. ¿Había estado mirando a las mismas palomas que yo, escuchando la melodía…? O era que andaba desubicada, como el resto de los pasajeros, que alzaban la barbilla buscando directrices, señales que les guiasen hacia sus distintos destinos?

Me adelanté a contemplarla de más cerca. ¿Quién era? ¿La conocía? A la altura de las escaleras mecánicas pasó por mi lado como una corriente de aire en dirección a unas puertas acristaladas que parecían dar al exterior. El silbido de un tren anunciaba una partida inmediata al otro lado de los muros y el abrigo verde se apresuró. Tenía que seguirla. Hablar con ella. Saber qué clase de viaje era el suyo. ¿Era una escala? ¿Es que se podía ir más lejos? ¿Cuál era su destino? Mas preguntas me asaltaban cerraban mi garganta, encogían mi estómago.

Mi confianza en la fluidez de los acontecimientos hasta el momento se borró en un segundo. Dudaba sobre mi destino y sobre el sentido de todo aquello. No sabía que debía hacer, una vez llegada a este punto. Sin embargo el tiempo apremiaba, el tren iba a partir y tenía que hablar con ella.
Atravesé la puerta acristalada. Y corrí hasta el abrigo verde. Se giró despacio y me miró. Sus bonitos ojos verdes me interrogaron y de repente sonrió. Entonces recordé.Era Judith. Me sonreía como lo hacía siempre, tímida y burlona.

-A dónde te vas, le susurré triste.

- ¿Te vienes conmigo, Mari? bromeó.

Yo lloraba.

- Fui a despedirte aquel día…¿Me viste?

Ella sonrió y saltó al tren que ya arrancaba, sin equipaje.

- ¡Adiós! ¡Saluda a estos de mi parte! gritaba alegre.

Me quedé un largo rato fijando el punto en el horizonte que había sido mi amiga. Luego entré de nuevo en la estación.

Por un momento quise volver y decirles a todos que había vuelto a verla, pero para entonces ya no sabía como hacerlo. No recordaba quienes eran ‘estos’. No tenía billete de vuelta, ni equipaje, ni memoria, pero allí en la esquina, aquel cartel de embarque parecía llamarme personalmente. Dudé de mí. Me acerqué al mostrador de información al viajero.

-Disculpe, pregunté a la señora que lo atendía. ¿Qué tren acaba de partir en los andenes exteriores?

-¿El de las siete y cuarto? Tren con destino a la reencarnación.

-¿Sabe dónde debo dirigirme?

-Si no lo sabe usted, no lo sabe nadie, querida.

-Gracias.

Miré a mi alrededor. El segundero del reloj de la estación iba ralentizado, los ecos de los pasos ya no resonaban, los viajeros iban desapareciendo de mi campo de visión, detrás de puertas, esquinas, como un juego del escondite. Cerré los ojos. Y comencé a andar. Al abrirlos, nada había cambiado, pero todo era distinto. Ya no sabía quién era, quien había sido. Los restos de mi memoria se iban borrando a cada paso que daba. Solo quedaba el precioso recuerdo de Judith.

Mi propio destino, ¡eso es lo que tengo que encontrar! Salí sin pensarlo por una puerta de emergencia pegada a un photo matón y de nuevo se hizo la luz blanca y el pitido ensordecedor. Y ahora estoy aquí, es decir, no sé dónde, de pie en esta cola hablando contigo. Supongo que eso es todo… ¿Así que eso es morir?

-Así es.

- ……..Joder que cola.”


                                                                     FIN

Mildred es así

No es fácil explicar como acabé con media pierna enterrada detrás del granero.
Mildred es así.
Un día enterró mi cama. Tardé tres días en encontrarla y otros tres en sacarla de ahí. También enterró una sartén y tres coches. Mildred es así. (“¡Doctor Houseman, Baby es asi! Si supiera la clase de….” Baile de guarreridas) Creo que esa es su vida. Eso es lo que hace; su obra.

                                                                        Fin.

La familia que lo tenía

“-¿Lo tiene?

-Si, padre.

-Que venga mañana. A las 4 en punto.

-Si, padre.”

Aquel caballero parecía tenerlo, como exigía la tradición, y el padre dio su bendición. Las nupcias se celebraron una semana después, llena la iglesia de invitados que lo tenían, con niños que lo tenían y ancianos que también lo tenían.
**************
“-¿Lo tiene?

-Si, papa.

-Que venga mañana. A las 4 en punto.

-Si, papa.”

Aquel joven parecía tenerlo, así que el padre no vio impedimento. La boda se celebró una semana después, con una iglesia abarrotada de familiares que, santo Dios, lo tenían.”


**************
“-¿Lo tiene?

- No, papi.

-Que venga mañana. A las 4 en punto.

- Si, papi.

Aquel chico no lo tenía, así que el padre no vio ningún problema. El sacrificio se celebró una semana después, entre gritos desgarradores que resonaban por toda iglesia, entre cánticos y brindis de una numerosa familia que si lo tenía.”


                                                                       Fin

miércoles, 19 de mayo de 2010

Venganza Ñoña

La venganza era una faja”.Montserrat Caballé.

“El día que preparé mi primera venganza, había conseguido reunir a todo el mundo. Doce personas a mi merced en una mesa de cuatro, sonriendo expectantes; 24 axilas empapadas cantando al son de esa música que pones cuando hace un calor pegajoso y sabes que algo va a ocurrir.
Fue desastrosa….Tuve que tirarla a la basura. No hay nada peor que una venganza sosa, o aguada. ¡O ñoña! Eso es peor que la traición. No sé. Puedes soportar un ‘le falta el toque’ o un….
-Si, le toc.
-La touche, vamos.
-Esa palabra no existe, pero es cierto que le falta.
-¿Le toc?
-No, la touche.
En fin. Todas las primeras veces son desastrosas y determinantes; a partir de ese momento pasas a ser, ‘el del arroz pegao’, ‘el del bofetón doble’, ‘el del tuve que limpiarme con un canto rodado’.’ O ‘el de venganza ñoña’. Y te marca, porque el miedo sigue ahí. Así que preparas una segunda venganza- se van a cagar. Llevas semanas planeando el acontecimiento, te sientes poseído y crees que va a ser definitivo, vas a cerrar esas bocas para siempre. Y no falta nadie, menos ‘el de la crema de cacahuete’, que aun se recupera de su … ‘crema de cacahuete’. Las botellas se vacían, al mismo ritmo que el agua de la cisterna, el ambiente es de hilaridad y tu venganza sigue intacta, ignorada. ¡Burlada! Con el último portazo de una noche de maldad reprimida, el espejo del salón te recrimina tu torpeza. Otro fracaso.
¡No puede ser tan difícil maldita sea! ¿Qué tiene la venganza de mi madre que no tenga la mía? No dormí bien aquella noche ni las 2 semanas siguientes.

- La gente de pueblo la elaboraba de otra forma.
-Conocían su esencia.
-El secreto se ha perdido…
- Y las que encuentras en Internet son insustanciales, frívolas.
- Son para garrulos…’Venganza Light’…¡Vamos hombre!

  Aquella última vez sólo vinieron Paco y Lola. Lola estaba amarillenta, los halos en sus axilas habían doblado de diámetro. Paco tenía marsupias por ojeras. Eso me alegró de una extraña manera. Porque - cósmicamente- significaba que mis mejores amigos, fieles y sacrificados, aun no habían recibido la venganza que merecían.
  Tras mi deliciosa venganza, unas copitas. El éxito flotaba en forma de silencio cálido. Los miembros de mis amigos colgaban lánguidamente fuera del sillón, inmóviles, dibujando idealmente mi felicidad. Y la suya, doy fe.De aquello sólo queda el recuerdo, pues mi venganza había alcanzado la perfección; nadie pudo refutarlo.
Por eso doy gracias a aquellos que amaban la venganza si artificios y que murieron por ella.Han hecho de mi lo que soy. Por ellos. Salud.”

“La venganza es un plato que se sirve frío,

pero en mi casa, va en caldito.”
Firmado: La cocinera de la historia.

Corazon en un Tarro

Corazón en un tarro




Por una soleada calle de La Latina, a eso de las 17 horas y 23 minutos de la tarde, pasaba una chica vestida de negro y con gafas de sol, arrastrando las chanclas. El sofocante calor veraniego churruscaba su también negra melena, que humeaba y parecía a punto de arder. Columpiando ligeramente un frasco de confitura ‘Bonne Maman', de atrás a delante, de alante atrás, iba mirando las tiendas de un lado y de otro de la calle; realmente parecía cansada. Buscaba algo. Al llegar a una tienda discreta y bastante anticuada, se paró a leer el letrero. ‘Tienda discreta y bastante anticuada -e hijos’. Va a ser aquí. Aparcó sus gafas de sol en el cogote y se acercó a un hombre de enorme barriga y un bigote digno del mismísimo Galdós, que descansaba apoyado en el quicio de la puerta de su establecimiento. Ojerosa y deslumbrada por el sol de la tarde, se colocó la mano a modo de visera y preguntó con voz de ultratumba al tranquilo barrigudo que le sonreía:

-¿Es aquí dónde se reparan corazones?- El amable barrigón respondió con un marcado acento francés:

-Oh, no; es en el local de al lado- dijo señalando con el pulgar a la pared de su derecha- pego ahoga lo están tgaspasando.

Lo que le faltaba. Ahora sí que tenía un problema. No se podía ir a una subasta benéfica sin corazón. Por protocolo; básicamente. El hombre se adentró en silencio en la oscura tienda. Ahí fuera hacía demasiado calor. La chica siguió al barrigudo mecánicamente, como esperando que él fuese a presentar la solución a su problema. Ahí dentro hacía más calor todavía. Y aunque el cogote dejó de arderle inmediatamente tenía los pies helados. Últimamente andaba destemplada. La tienda estaba vieja y sucia y tenía una solitaria columna (antaño de color blanco marfil) delante de un enorme mostrador gastado por los años. Olía a humedad y fotos antiguas, a cartas amarillentas en enormes arcones valiosos, abanicos empolillados de señorita madrileña, olía a betún del malo, a jabón lagarto, a pipa de abuelo y a perfumes antediluvianos para caballeros-fumadores-de-puros- que-además-se-echan-talco. Las estanterías tenían un poco de todo, aunque nada de este siglo a juzgar por el olor rancio y las telarañas que colgaban de un lado a otro de la chatarra. Pero no hubiera podido decir qué vendía aquel hombre. Quizá fuese una tienda de empeño. O de magos, o de masones. O de magos masones. Y esta era su sede, misteriosa y sucia. Qué calor. A quién le importaba.

- Así que traspasando…¿Y eso?- preguntó tras terminar de inspeccionar el espacio que la rodeaba.

-Bueno- habló finalmente el enorme tendero que salió de detrás de una cortina roja. Andaba hurgando en cajas detrás en el almacén.- Se lo puedo explicagg; ¡es una histogia muy famosa pog el baggio!- Apoyó sus peludos brazos en el mostrador de madera maciza, sonriente y dispuesto a narrar. La chica, más ojerosa que nunca por el contraluz de la ventana, imitó al tendero y descansó en el mostrador. Qué tipo más empalagoso, ¿qué clase de acento era ese? Y a qué delirio folletinesco estaba a punto de entregarse el muy cursi. Agachó la cabeza y miró sus chanclas. A ver si me corto las uñas. Las gafas le resbalaron hasta la punta de la nariz.

-No tengo prisa; ya nadie me espera.- suspiró finalmente. Su voz era como un cajero automático con depresión.

-Vaya, lo siento-. El hombre se sintió sinceramente concernido y preocupado. -¿Lo tiene muy goto?
 -Pues si, mire; destrozado.- Le puso el bote de Confitura ‘Bonne Maman’ delante los ojos haciéndole bizquear.

-Si, si.-murmuró él. Se giró súbitamente, dando la espalda a la chica. ¡Mon Dieu, es paga vomitagg! Se tapó la boca con la mano intentando evitar una arcada.

–No sé si tiene arreglo- comentó ella entre muecas mirando el bote con insana curiosidad. El tendero respiró hondo y se quedó mirando a la nada. (Era un hombre sensible a este tipo de cosas.) Ante el sonido de un claxon de la calle, salió del ensimismamiento escatológico en que se encontraba, murmurando algo en francés y se giró de nuevo con su mejor cara.

- ¡Oh! ¡No diga eso, señoguita!- Parecía que aquel gordito iba a empezar a dar brincos como una cabrilla. El tendero murmuró entre dientes, pobge niña, qué masacje, lo mejog segá animagla, no vaya a haseg como Doña Gegtgudis, que fileteó y empagedó su cogasón estgopeado y desde entonses ya no cgesiegon las floges allá pog donde pasaba…Pobge dama, sepultada bajo el nombge de ‘Atila’, con un hegmoso epitafio épico. Qué mujegg. El hombre volvía evadirse en sus pensamientos.

- Mige, le digé algo- dijo finalmente asomándose por encima del mostrador y mirando hacia la calle. Y tras permitirse un último comentario acerca de lo mal que estaban los geranios de la vecina de enfrente confesó:

- A mi me lo aggeglagon el año pasado pog un módico pgesio, y me voilà satisfecho. ¡Y eso que estaba hecho pedasos! Me tgajegon el gecambio de Fgansia- dijo dándose palmaditas en el pecho. La chica estaba extrañada. Creía que no estaban permitidos los recambios extranjeros.

-¿Son más caros, verdad?- se aventuró a comentar con una mano en la cadera. No se había planteado qué hacía ahí hablando con ese tonelillo, pero lo cierto es que le daba igual. Podría haber hablado con un florero o con su madre. Todo le decía lo mismo; nada. Apenas si le circulaba la sangre por esas frías venas. ¿Cómo sangre? Horchata. Qué calor hace; estoy helada. El tendero le aseguró tajante que los corazones extranjeros duraban más, y que no veía delito en ello, por mucho que dijese la gente. Hubo un largo silencio. Se podía oír a las moscas hacer estúpidos triángulos de sobremesa. La conversación parecía acabarse ahí. Pero la curiosidad picaba literalmente al barrigón, que se rascaba la nuca buscando hacer la pregunta que realmente le interesaba sin parecer cotilla.

-Euh…y…dígame una cosa-. Acercó su enorme cara rosada al frío mármol de ella, mirándola. La chica miraba al frente, pero le veía de reojo. ¿Pero qué le pasaba a este? ¿Debía golpear esos morros temblorosos y lascivos cuanto antes? Se quedaron inmóviles un par de segundos. Por fin, el tendero le preguntó:

- ¿¡Quién se lo ha goto de esa manega, pogque la vegdad es que está hecho un ascooó!?

-Ah, eso…- bufó ella. El tendero se acomodó apoyando su flaco muslo en el mostrador con los codos en la rodilla. La chica ojerosa miró hacia arriba fijando el techo, sin expresión alguna en su voz o en su cara:

- Un artista… Ya sabe como son… Un día te ofrecen su corazón y al día siguiente se lo llevan para regalárselo a otra cualquiera. Así que cogí el mío y se lo tiré al perro.

- ¡¿Al peggo?! ¡¿Pego pogg qué al peggooo?!- El hombre movía el bigote escandalizado, poniendo los brazos en jarra y dejándolos colgar una y otra vez. -¡Los cogasones hoy en día son algo muy pgesiado!- aullaba, ¡Sobge todo los de pgimega mano! ¡Casi no quedan! ¡Son todos agtifisiales! - exclamó con desprecio.

-El mío era de segunda mano. Me lo regaló una amiga que ya no lo necesitaba-. El hombre se quedó quieto, muerto de intriga. -¿Pog qué?- susurró.

- Porque me dijo que si se lo quedaba le iba a traer demasiados problemas. Es ejecutiva agresiva.

- ¡Quel scandale!- exclamó el tendero limpiándose el sudor de la frente con el delantal. Ante esa reacción, la chica sonrió (con la mejor sonrisa que puede desplegar un ser sin corazón). La verdad es que no tenía ninguna gracia, pero el gordo estaba sudando lo suyo con la historia.

- ¿Y ahoga que usted tampoco tiene, que piensa haseg?- siguió interrogando el hombre con creciente interés. Qué cansado era todo esto, pensaba la ojerosa chica negando con la cabeza. -Pues supongo,- buscaba la definición exacta de su previsible futuro- supongo que joder al prójimo y comprar a tope. Al menos hasta que se lo arreglasen…si es que tenía arreglo. Una sonora carcajada del tendero hizo estremecer a la chica sin corazón, si aquello era posible. De qué se reía. Ese hombre le daba escalofríos extra.

- Oh, es un contjatiempo natugal- dijo él reconfortante. Negaba con la cabeza como si fuese algo obvio.- Figúgese. Yo me dediqué a acosag sexualmente a mis empleadas y a humillaglas en el tgabajo. Pegaba a mi mujeg y a mis hijos- añadió soñador. Al peggo le abandoné en una caggetega de Galisia (soy gallego, ¿sabe usted?), ahí, medio muegto, entge otgas cosas. El barrigón rió divertido. - ¡Pego con mi cogasón gesién gepagado, he apgendido a amagg de nuevo! ¡Incluso mi mujeg me dise que me he vuelto un gomántico! Yo cgeo que es pog la piesa de gecambio fgansesa - confesó a la chica en plan confidencial. Ella le miró fijamente. Ahora entendía ese comportamiento… barroco. Ella por si acaso no pediría piezas europeas; demasiado decadentes y nada exóticas. No quería acabar convirtiéndose en semejante esperpento, ahí, en un caserío andaluz comiendo ‘chucrut’ y pinchando música tirolesa para los amigos, o algo así. Quizá el gordo supiera de recambios.- ¿Y que corazón me aconseja usted?- preguntó sin rodeos.

- Yo no soy ningún expegto- confesó no sin cierta vanidad,- pego...los suisos no están mal... Mi cuñado lleva uno, y la vegdad es que no se altegan pog nada, ni fgío ni calogg. Va con su cagagtegg, ¡el muy canallaaaá!- El tendero se acordó de pronto de algo y alcanzó de puntillas una vieja revista medio escondida de la estantería que estaba a sus espaldas. Ojeó el catálogo y lo abrió por la página 46.- Ofegtas de piesas. Ogigen: Gumanía, Modelos descatalogados en ‘stock’. Aquí. Pego lo que usted nesesita es uno guso. Son gjandes y aguantan los sentimientos extgemos. Eso si, cuando se gompen, son ab-so-lu-ment igepagables...mi pgimo, que vive en Vigo…-No, no. Nada de Rusia. Tengo el hígado mal de nacimiento, pensaba concentrada.

- ¿Y usted conoce otra tienda donde reparen corazones? – cortó impaciente la chica sin corazón. De pronto el hombre se quedó inmóvil. Se acababa de dar cuenta de algo bastante evidente. Pesaroso, se dirigió a su gélida interlocutora.

- Queguida… lamento desigle que este es el último que existe-. Casi le dio risa al hacerlo. -¡Todos han seggado ya! Como sabe, los sentimientos son algo que ya no integesa a la gente de hoy en día, porggque…

¡Qué le estaba contando entonces este mamarracho y falso francés! Mientras sus pies se enfriaban del todo y se le formaban unas ojeras como bolsas de marsupial, la voz del tendero flotaba lejana por la viciada atmósfera de la tienda, en un discurso solemne:

- ¡El amogg ya no vende! (Bueno, lo venden en esos sobgesitos en el Supegg, esos que se mesclan con agua. Pego son una pogqueguía, no se los aconsejo. A mi me daban cagalega.) El sexo, el dinego y la violensia si, pego paga eso no hase falta cogasón....poggque…el amoooggg…

-Qué alentador- se dijo mirando el bote de carne picada ‘Bonne Maman’. De pronto se rebeló ante esta noticia fatal e intentó intervenir en la incesante verborrea de aquel hombre (si, ya, no, pero, ya) pero el tendero, inflamado por su discurso, seguía despotricando contra el amor en conserva y ‘tupperwares’ con sentimientos cristianos en polvo. Finalmente tuvo su oportunidad:

- ¡Pero por aquí cerca conozco a mucha gente a la que también le han roto el corazón, o se lo han perdido, o atropellado, y eso es clientela! ¡No entiendo porqué han cerrado!

- Es sieggto- concedió el hombre con seriedad- el megcado es impagable. Vamos, que no se puede luchag contga él, es demasiado fuegte, ¡tentadogg! Pego la gasón es otga-. Tras una pausa tomó aire, listo para un nuevo relato estremecedor. La chica, previendo otra parrafada interminable sobre la vida y el ‘amogg’, cruzó los brazos y se acomodó apoyándose en la sucia columna de acero. Sus gafas ocultaban una mirada de profundo aburrimiento. Total, no tenía nada mejor que hacer con su vida. El tendero levantó una mano al horizonte intentando describir un escenario imaginario. Como en un cuento para niños narró con pasión estas palabras:

-Viggilio, el dueño de la tienda, ega la pegsona con el cogasón más pugo que he conosido. Lo cuidaba con esmeggo. Tanto, que pgocugaba no enamogagse, ni apegagse a nada paga no estropeaglo. No lo usaba demasiado y así consiguió manteneglo siempre pugo y sano, (lo suyo ega una obsesión, je vous assure). Pog eso se lo quitaba a menudo. Lo dejaba en la tienda al igse a casa, donde vivía solo. Ega un soltego empedegnido. Vamos, pensó la chica, que no se comía un rosco. -Una noche,- siguió él- se coló un hombge a la tienda paga gobag cogasones y agtegias y esas cosas, y se llevó el cogasón del dueño entge otgos. A la mañana siguiente, Vigg…Vijj (el dueño de la tienda, vamos) no se dio cuenta de que su cogasón ya no estaba, o no sintió pena pog pegdeglo, ya que no tenía cogasón. Quién sabe.....el caso es que empesó a descuidag su negosio pogque no le echaba pasión (la había pegdido) y al poco tiempo lo mandó todo a la merde. Me dijo que los cogasones egan cosas de magiquitas, y que le impogtaba tges cojones- palabgas textuales- si se gompían; que había que seg listo y buscagse algo que diese pasta paga vivig como un cuga y...

-¿Un qué?- interrumpió la chica sin corazón, que empezaba a aburrirse mortalmente. El tendero dejó de gesticular y se dio cuenta de dónde estaba. La chica seguía ahí mismo, mirándole. Sus dotes de orador evangelista a veces le transportaban.

- Un cujjja. Un cccura, perdón- escupió trabajosamente. -¡Maldita egge! Y tras limpiarse la boca con el dorso de la mano peluda añadió divertido: Es que si no se me avisa, mi cogasón fgansés coge las giendas y no hay quien me entienda. ¡Son los efectos secundagios, queguida! A mi mujeg le encanta- sonrió orgulloso dándole un codazo a la pálida chica que hizo una mueca de desagrado al no poder evitar ese contacto físico. -Si. Santa mujer la que te aguanta bigotes- gruñó ella. Ya. ¿Y que pasó después? (No es que me interese tu historia, pero ya que estamos, suéltalo)- añadió en bajito volviendo a mirar a sus asilvestradas uñas de los pies.

-Pues euh... vendió su negosio a un dudoso negosiante de la calle del Desengaño, que tgaficaba con ójganos humanos y pizzas bagatas. En fin, une calamité...

-Bien por él; un tío con cerebro……..Bueno. Es tarde. La verdad, no le voy a dar las gracias por que no me ha resuelto nada. Me largo. No me siento bien. En realidad, no me siento. -aclaró.

Se instaló el segundo silencio de moscas trianguleras.

-¿Tiene usted hambre?- sugirió ella de improviso. Y con decisión dejó el tarro ‘Bonne Maman’ de corazón picado en el mostrador. ¡Pa! Los párpados del hombre aletearon sorprendidos, seducidos por el suculento frasco rojo. Sus dedos regordetes tecleaban al aire -anhelantes- melodías de éxtasis gastronómico.

-Pues lo sieggto es que si.

Eso fue todo. La piltrafa humana se dio la vuelta y salió de la tienda discreta y bastante anticuada (e hijos), difuminándose con la luz cegadora de la calle. El barrigudo tendero rió divertido agarrándose la panza con las dos manos. Qué suerte la suya. Se asomó a la calle y despidió a modo de crucero de lujo a la gris personita que arrastraba las chanclas calle abajo.

-¡Hasta la vista, hegmosa señoguita!- gorgoteó él. ¡Ha sido un plaseg convegsar con usted! ¡Au revoir!-
 Lo último que se oyó de la chica sin corazón antes de dar la vuelta a la esquina fue ‘Jesús, qué palique’.



Fin.

Radio Claustrofobia

Entrevista  en Radio Claustrofobia
-“Buenos días queridos oyentes, una semana más aquí. Hoy tenemos a una persona para nada especial y bastante peluda aquí con nosotros, que nos va a contar un poco lo suyo. Buenas tardes. Empezamos con…

-Resaca. Maria Resaca.

- Bienvenida, Resaca. Estábamos deseando tenerla.

-Naturalmente.

-Bien. Acérquese a esta …rejilla para que nuestros oyentes la oigan bien. Para empezar, se me ocurre esta pregunta: ¿Si tuviese un grupo musical, cómo se llamaría su primer disco?

- ‘Falta el batera’. Ya sabes, para que el público esté sobre aviso. (El que avisa no es traidor)

- ¿Y el último?

-Eh …pues ‘Back to Pepo’.

- Conciso. Por qué .¿Qué es ‘pepo’?

-¿‘Pepo’? Buf, lo abarca todo. Todo lo que ….

-‘pepo’ son siglas?

- Bueno, creo que es mejor no entrar en el interminable juego de las siglas (S.I.G.L.A.S.: Siempre Indica al Gilipollas La Anterior Silaba) pero si; una vez fueron siglas. Hoy ha perdido su significado. Nadie sabe lo que es ‘Pepo’. Por eso podría serlo todo. Es todo.

-Así que ‘volver a pepo’ podría significar volver a ese sitio que…

-¡Exacto! (Por cierto, no vuelvas nunca a Pepo, se come fatal.) Aunque ‘volver a Pepo’ no siempre es un concepto de raíces, introspección y retorno. A veces puede significar volver al baño corriendo y no llegar. Eso es volver a ‘pepo’, un estado fisiológico (que nadie desea para si). ‘Back to pepo’ también es una idea amenazadora….Es volver al cuchitril, o volver a la mierda de fiesta de todos los viernes porque resulta que eres intimo conocido de esa persona aburrida que tiene 12 cumpleaños al año porque estuvo clínicamente muerto 11 veces en sólo 1 año a causa del aburrimiento mismo. Y esto que acabo de decir es la mayor estupidez que ha registrado un magnetófono.

- Cierto, y seguro que nuestros queridos radio-oyentes coincidirán con usted en esto.

Y qué me dice del nombre del grupo. Cual sería.
- Los Mayonesa.

- ¿Cómo?

-…. pero hemos pensado en cambiarlo por ‘Los Mahonesa light’. Creo que aun no estamos preparados para semejante cambio, ni nuestros fans tampoco. ‘Los Mahonesa etc.’ denota una cierta madurez artística, una elegancia que ‘Los Mayonesa’ no reflejábamos.

- ¿Pero cuándo?

- Cuando tenga un grupo.

- Por supuesto. ¿Y qué tipo de música tocarían Los Mayonesa?

- Crearíamos un estilo cansino basado en choques de cocos y huesos, repetidos con ecos, fusionados con tecno-tralla. Bueno, mas zapatilla que tralla, pero de base chunda y reminiscencias pork. También nos inspiramos del sonido ‘vacaciones en el mar’, segunda temporada. Totalmente moderno.

- Gracias. Gracias al componente de Los Mayonesa por venir a nuestro centro radiofónico del ascensor del edificio C.

-Gracias, un placer. Adiós

   ...

-Le puede dar al botón de reanudar marcha?

-Oh, si.¿Qué piso?

- 52.

 Carraspeo.

- ¿Perdón, decía?

- ¿Cómo?

- ¿Eh? Nada.

- Ah.

¡Ding!

- Buenas tardes.

- Adiós buenas tardes.

-Esto es la 109.9 FM. No se vayan, porque por la puerta entra un elemento fino fino. ¿Desean conocerle? En unos minutos, aquí, en Rrrrradio Claustrofobia, ascensor del edificio C.”

                                                                         ¡Ding!

¿CÓMO LO QUIERE?

Peluquera-¿Cómo lo quiere?

Clienta- A ver. Pues no sé. Corto.

Peluquera-Vale.

Clienta-¡Pero no mucho! Dos deditos.

Peluquera-Muy bien.

Clienta-Pero corto.

Peluquera-Ya.

Clienta-Cuando quiera.

….Espere. Pero un corto así como…un poco …‘mal cortado’.

Peluquera-¿Perdón?

Clienta-Bueno, no quiero decir que me lo corte mal, ¡no quiero que me lo corte mal!

Peluquera-O sea que lo quiere ‘casual’.

Clienta-¿Casual?. No hombre, nada es casual, yo quiero algo muy concreto. Que me de un aire pop, ¿sabe? que tenga flow.

Peluquera-¿Quiere que se lo peine con secador, dice?

Clienta-A ver...yo lo quiero como…largo por aquí, pero no demasiado, y luego, por aquí delante corto, como sharpero, sabe?

Peluquera-Charpero….entonces no quiere flequillo.

Clienta-¡Si!, flequillo si, pero pop.

Peluquera-Flequillo pof. Marchando.

Clienta-Espere espere. Pero flequillo pop, a ver de que época me lo hace, porque no es lo mismo poper que popi. Yo algo entremedias. Pop-mod…¿Me sigue? ¿Conoce el flequillo cuadrofénico?

Peluquera-No.

Clienta-Da igual, porque así no, es demasiado New Age. Además no existe.

Peluquera-Nu qué?

Clienta-‘Nuque’, si. Mire es fácil. Es un poco retro lo que yo quiero, pero sin ser demasiado cool.

Peluquera-Flequillo no, entonces.

Clienta-Olvide el flequillo. Vayamos por partes. ¿Ve este remolino? Pues este remolino me lo deconstruye. Que fluya hacia el lado opuesto, de manera que las orejas pasen desapercibidas. No recorte la primera capa. Pero la segunda definitivamente si. Pero hacia el lado opuesto.

Peluquera-Entonces lo quiere a capas.

Clienta-Si, pero unas capas estratégicamente invisibles y que den volumen. Y déjeme mul por detrás.

Peluquera-Mul.

Clienta-Si, pero un mul estándar, nada de greñi. Y que me tape un ojo.

Peluquera-¿El mul?

Clienta- ¡No, porque eso sería greñi!

Peluquera-Ah.

Clienta- ¿Ve por dónde quiero ir?

Peluquera- No.

Clienta- Da igual. Empiece a cortar, yo le indico.

Peluquera- Muy bien. ¿Le lavo el pelo?

Clienta- No.

Peluquera- Corto, ¿verdad?

Clienta- Relativamente. Estoy en sus manos.

…….Clic…..


Clienta- ¿Por dónde va?

Peluquera- Voy a empezar por el flequillo.

Clienta- Pare. Así vale.

Peluquera- Pero si no lo he tocado.

Clienta- Esa es la idea.

…Clic…

Clienta-Cárdeme.

Peluquera- ¿Cómo?

Clienta- Lo estoy visualizando.

Peluquera-¿Todo el pelo?

Clienta- No, sólo detrás de la oreja.

Peluquera- ¿Seguro?

Clienta- Los heavies sabían lo que hacían…

….

Clienta- ¿Cómo va eso?

Peluquera- Aquí traigo el peine.

Clienta- Déjelo así. Los heavies no tenían ni puta idea.

Peluquera- Dios mío….¿Qué le parece si le aclaro un poco el pelo? Está de moda.

Clienta- Vale, pero oscurézcamelo.

Peluquera-¿Qué le parece este tono?

Clienta- Demasiado oscuro. Tiene un Pantone a mano?

Peluquera- ¿Eh?

Clienta- Bueno. Trabájeme las patillas entonces. Déjemelas largas.

Peluquera- No tiene patillas.

Clienta- Pues póngame un par o tres. De lo que sobre del flequillo.

Peluquera-¿Del flequillo? Veremos lo que puedo hacer.

Clienta- ¿Sabe hacer eso? Entonces no lo intente. Ya lo tengo. ¿Tiene una revista?

Peluquera- Santo Cristo. Ahí, en la encimera.

Clienta- A ver. Diga un número.

Peluquera-87.

Clienta-Página 87. Maldita sea. ¿Qué revista es esta? Bueno, pues que así sea. Espinete. Espinete era bastante underground. Creo que servirá.

…¡Espere! Espinete apesta.

A ver, ¿usted qué cree?

Peluquera- Yo creo que voy a pasarle a mi compañera.

…….

Clienta-… y sin embargo Espinete era…

Pruden- Hola pequeña mujer. Mi compañera me ha dicho como lo quiere exactamente.

Clienta-¿Ah si?

Pruden-¿Está lista?

Clienta-Si.

Maquinilla:¡Vzzzzzzzzz!

Clienta-¡NO!

Herramientas de corte:¡Vzzzzzzz! Clic-clic-cla-cla-cla!

Clienta-¡Espere!

Pruden-No se preocupe mujercilla,

- cli clic clic- déjelo en mis manos. ¡Jzzzzzzz-cras-cras- ponk! ¡Vzzzzzzzzzz! Cruch-cruuuch-cruuuuch.
Cierre los ojos; esto puede doler.

Clienta-¡Ahhhhg!

Pruden-Fuera flequillo. Y esto también. Relájese. Acabo enseguida.

Peluquera- ¡Dale Pruden! ¡Ya es tuya!

Maquinilla:¡Vzzzz ññññ ññññññzzzzz!

Tijera:….Clic.

Pruden-Ya está. ¿Cómo se ve?

Clienta- No me veo.

Pruden- Incorpórese, mujer. Salga de ahí debajo.

……

Clienta- ¡Joder, qué me ha hecho!

Pruden-¿ No le gusta?

Clienta-….¡Estoy ..estoy….extasiada! ¡No sé si sacar la navaja o darle un beso! Es exactamente lo que …joder, qué horror! ¡Me encanta! ¿Cómo ha conseguido dejarme esa calva? Hija de p… ¡Es un genio! ¿Le podría denunciar por esto, sabe? ¡¡Dios!!
… ¿Cuanto le debo?
                                                     

                                                                          FIN                

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